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Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett y Sophia Jex-Blake: pioneras de la medicina moderna en Gran Bretaña


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Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett y Sophia Jex-Blake: pioneras de la medicina moderna en Gran Bretaña


Si las mujeres mencionadas en este artículo, Elizabeth Blackwell, Elizabeth Garrett, Sophia Jex-Blake, o Mary Scharlieb, hubieran sido hombres, probablemente no habrían sido objeto de especial estudio dentro de la historia de la medicina, habrían accedido sin dificultad a las aulas de las universidades o escuelas de medicina de su época, habrían realizado las prácticas pertinentes en las salas de los grandes hospitales sin obstáculo alguno, se habrían presentado a las pruebas establecidas por alguno de los diecinueve tribunales examinadores de Gran Bretaña sin encontrar traba alguna para ello, y nadie habría osado discutir la oportunidad de su pertenencia a una sociedad médica. Pero ellas encontraron obstáculos y trabajas, única y exclusivamente por su condición de mujer. Y, al enfrentarse con esos obstáculos, abrieron para sí mismas y para las mujeres que las siguieran el camino para conseguir el derecho al estudio y el ejercicio de la medicina. Es por ello que interesa acercarse al conocimiento de su vida y su obra dentro de los estudios históricos de la mujer.

El movimiento de mujeres doctoras debe entroncarse con la historia de la mujer, en un doble sentido. Por una parte, los prejuicios que impiden su acceso a la enseñanza y ejercicio de la medicina, se fundamentan en la visión de la mujer en la época victoriana, que, a su vez, se enraízan una tradición de visión de la mujer como ser débil, disminuido y dependiente. Los textos que representan el saber médico del patriarcado en el siglo XIX, mantienen una imagen negativa de la mujer ambivalente, determinada por la clase social a que pertenezca: las mujeres de clase media y alta se consideraban débiles, enfermizas, casi inválidas y se les recomendaba la inactividad, el confinamiento, y la ausencia de toda actividad intelectual, pues tal quehacer mermaría su capacidad para la maternidad. Sin embargo las mujeres de clases inferiores, las sirvientas, las esclavas negras, eran consideradas fuertes, inclinadas a la práctica de la sexualidad, y trasmisoras de enfermedades. Por otra parte, debe resaltarse que el movimiento de mujeres doctoras queda entroncado, con una larguísima tradición de actividad de la mujer como sanadora y cuidadora, y constituye un capítulo importante del amplio movimiento de mujeres del siglo XIX.

Al hacer un breve bosquejo de la historia de las doctoras pioneras en Gran Bretaña, es preciso mencionar en primer lugar a Elizabeth Blackwell, conocida como la primera mujer licenciada en medicina en Estados Unidos. En efecto, aunque nació el 3 de febrero de 1821 en Counterslip, cerca de Bristol, y murió en 1910 en Hastings, Elizabeth tuvo nacionalidad norteamericana desde los veintiocho años hasta su muerte, y gran parte de su vida profesional y personal están profundamente relacionadas con la enseñanza y la práctica de la medicina en Estados Unidos. Además, su nombre ha quedado ligado, por razones familiares, con el de dos figuras claves del feminismo norteamericano: Lucy Stone Blackwell, sufragista y defensora de los derechos de las mujeres, esposa de su hermano Henry, y Antoinette Brown Blackwell, primera mujer ordenada sacerdote, esposa de su hermano Samuel. Ahora bien, es imprescindible incluirla entre las pioneras de la medicina en Gran Bretaña, por haber sido la primera mujer incluida en el Registro Médico de Gran Bretaña y cofundadora de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, haber tenido un papel decisivo en el nacimiento de la vocación médica de Elizabeth Garrett, y haber residido y trabajado en Inglaterra desde 1866 hasta su muerte. Elizabeth Blackwell creció y se educó en el seno de una familia acomodada, muy religiosa, perteneciente a un grupo disidente, autodenominado Iglesia independiente, cercano a los cuáqueros, que se distinguían por creer y luchar por la tolerancia, la igualdad de todos los seres humanos y, por tanto, la abolición de la esclavitud y las reformas sociales, entre ellas el derecho de las mujeres a la educación. En la familia Blackwell, tanto los chicos como las chicas recibieron, dentro del propio hogar, con la ayuda de sus padres y tutores privados, una educación bastante completa, sin diferenciación por razón de sexo. Su hermana Anna, cuatro años mayor que Elizabeth, fue periodista, y Emily, cinco años menor que Elizabeth fue pionera asimismo en el estudio y práctica de la medicina profesional en Estados Unidos. Un fuego destruyó la refinería de azúcar propiedad de su padre, lo que provocó la emigración de toda la familia a Estados Unidos en mayo de 1834, cuando Elizabeth contaba once años de edad. La muerte inesperada de su padre, el 7 de agosto de 1838, tras una breve enfermedad, dejó a la familia en una muy difícil situación económica, a la que las hermanas Blackwell trataron de enfrentarse creando una escuela para niñas. Elizabeth encontró su vocación de forma tristemente anecdótica. Una amiga de su madre, Mary Donaldson, enferma terminal de cáncer, le sugiere la posibilidad de dedicarse al estudio de la medicina, dada la necesidad que tienen las mujeres de confiar en mujeres doctoras. Tras la muerte de Mary Donaldson, Elizabeth decide enfrentar el reto propuesto. Comienza así un largo peregrinaje que terminará con su admisión, también anecdótica, en la Escuela de Medicina de Ginebra (estado de Nueva York) en el otoño de 1848. Inició su preparación recibiendo particulares de diferentes doctores, mientras se ganaba la vida como maestra en distintas escuelas e internados. Por consejo de uno de sus profesores, el Dr. Dickson, decidió solicitar plaza en alguna de las escuelas de medicina de Filadelfia, las más importantes de los Estados Unidos en ese momento. En el mes de mayo de 1847, Elizabeth se trasladó a Filadelfia donde unos amigos la habían conseguido residencia en casa del doctor Williams Elder, médico y escritor, conocido por sus ideas liberales a favor de la educación de las mujeres, con quien completó su formación en química, al tiempo que seguía clases de anatomía y disección con el doctor Joseph M. Allen. Pero era preciso ser admitida en una escuela donde pudiera obtener el título de graduada en medicina. Los numerosos doctores a quienes consultó la aconsejaban o bien seguir los estudios de la Escuela de Medicina Homeopática o bien tratar de estudiar en París, disfrazada de hombre, propuestas ambas rechazadas por ella. El Colegio de Médicos y Cirujanos de Nueva York, la Universidad de la ciudad de Nueva York, la Universidad de Filadelfia y la Facultad de Medicina Jefferson, al igual que las escuelas de Harvard, Bowdoin, Yale y Woodstock, la rechazaron con extrema cortesía. Dos escuelas de menor importancia la aceptaron finalmente: la Escuela de Medicina de Castleton, a la que había escrito el 20 de octubre y cuya respuesta, fechada el 13 de noviembre convertía a Elizabeth Blackwell en la primera mujer admitida jamás en una escuela de medicina. Pero dos semanas antes, Elizabeth había abandonado Filadelfia, rumbo a la pequeña ciudad de Ginebra, en el estado de Nueva York. En efecto, el día 27 de octubre de 1847, Elizabeth había recibido la carta de aceptación de la Escuela de Medicina de Ginebra, fruto de los siguientes hechos: Los profesores de la facultad no habían tenido en principio intención alguna de admitirla, pero dado que acompañaba su solicitud de una carta del conocido e influyente Dr. Elder, consideraron prudente no dar una negativa rotunda. El doctor Charles A. Lee, decano de la Escuela, tuvo una idea para rechazar la petición sin comprometerse: someterla a la votación de los alumnos. Se aceptaría su admisión si había un voto unánime del consejo de alumnos, quienes eran más conocidos por sus bromas y su brusquedad que por sus ansias de saber. Sin embargo, y por esto mismo, cuando el decano leyó la petición de Elizabeth Blackwell, los alumnos consideraron más divertido votar a favor de su admisión, y así lo hicieron, obligando incluso, al único alumno que intentó emitir un voto negativo sin seguir la charada de sus compañeros. Los profesores se encontraron víctimas de su propia estrategia. El día 6 de noviembre de 1847, Elizabeth llegaba a Ginebra, para incorporarse a una facultad de ciento cincuenta alumnos, con tan sólo diez años de antigüedad, que disponía de escasos recursos materiales y humanos, y cuya categoría académica no era precisamente alta. Al terminar el primer curso, Elizabeth llevó a cabo las prácticas exigidas en la planta de mujeres sifilíticas del hospicio de Blockley, donde se atendía a más de cien vagabundas, criminales, huérfanas y prostitutas. Era un edificio lúgubre, que tenía funciones de albergue para pobres y hospital. Al principio incluso las pacientes la despreciaban y no podían confiar en una mujer médica. No es extraño que, despreciadas ellas mismas por su sexo y su condición social, no pudieran dar ningún valor a otra mujer. La falta de humanidad con que las pacientes eran tratadas comenzó a despertar en ella el sentido de que las mujeres podrían aportar a la medicina el cuidado, la delicadeza, la humanidad, la preocupación por el o la paciente como ser humano necesitado de afecto, y no sólo el tratamiento de la enfermedad. Su diario de esa época refleja cómo comenzaron a despertar en Elizabeth tres inquietudes que mantendría posteriormente: 1) su creencia en la necesidad de una solidaridad femenina y en la superioridad moral de la mujer; 2) su preocupación por dotar de una sólida formación a las mujeres dedicadas al cuidado de los enfermos, como doctoras o como enfermeras; y 3) su interés por el desarrollo de la medicina preventiva, enseñando a los pacientes cómo vivir de forma higiénica y saludable y cómo cuidar de sí mismos y sus familiares. Nació también en ella un sentimiento de profundo afecto y ternura hacia los más de cien niños y niñas enfermos que se amontonaban en una sala sin condiciones higiénicas adecuadas, ni espacio para jugar ni alimentación suficiente. Otra experiencia decisiva fue el encuentro con el tifus, enfermedad muy frecuente entonces entre los emigrantes irlandeses que llegaban a Filadelfia hacinados en barcos en pésimas condiciones de higiene y alimentación, que la llevaría a redactar sobre este tema su tesis doctoral, publicada en la Buffalo Medical Review en el momento de su graduación. En enero de 1849, pasó sus últimos exámenes y obtuvo su graduación. Elizabeth sería más afortunada que Elena Maseras y Ribera y Dolores Aleu y Riera, las jóvenes españolas que tuvieron que esperar varios años tras terminar sus estudios para que se les permitiera acceder a los exámenes de licenciatura. Tras ser rechazada por los hospitales de Filadelfia, donde pretendía completar su formación práctica, Elizabeth partió en abril de 1849 rumbo a París, con la esperanza de ser admitida como estudiante pos-graduada en cirugía. El director general de los hospitales parisinos, doctor Henri Davenne, le negó permiso para acompañar a los doctores en sus visitas dentro de los hospitales, como solían hacer todos los estudiantes varones. Asimismo le negaron acceso a las conferencias, a excepción de las del Colegio de Francia y del Jardín de Plantas, que estaban abiertas al público. Su única posibilidad para lograr una preparación práctica en París fue la incorporación al hospital de La Maternidad. Tras conseguir toda la documentación necesaria, el 30 de junio de 1849, Elizabeth Blackwell entra en La Maternidad, no como doctora en prácticas, sino como futura comadrona, al igual que las jóvenes campesinas francesas que fueron sus compañeras. La intención de Elizabeth era prepararse como cirujana tan pronto completara su formación en obstetricia, sin embargo, un fatal accidente se lo impediría. Durante la madrugada del 4 de noviembre, al inyectar medicación en el ojo a un bebe que sufría oftalmia purulenta, saltó líquido a su propio ojo, resultando infectada. Durante tres semanas permaneció en cama, sometida a un intenso tratamiento. Perdió completamente un ojo, que le fue extirpado y sustituido por uno de cristal, pero logró mantener la visión del otro. Entretanto, su primo Kenyon había gestionado su admisión en el Hospital San Bartolomé de Londres. El 3 de octubre de 1850, llega a Londres, donde se aloja en Thavies Inn cerca de San Bartolomé. En esta época Elizabeth está madurando lo que quiere que sea la gran dedicación de su vida. Sus contactos con las mujeres enfermas, primero en Filadelfia y después en La Maternidad, y su visión de las jóvenes prostitutas en las calles de París y Londres, la mueven a un gran proyecto: la creación de una gran sociedad de reforma moral, que incluyera la educación de hombres y mujeres, así como la formación profesional e incluso el acceso al sacerdocio de éstas. En este invierno de 1851, comienza una profunda amistad entre Elizabeth Blackwell y Florence Nightingale, a quien visitará en su residencia de Brighton. Duda entre seguir lo que ella denomina herejías, es decir, medicinas alternativas tales como la homeopatía, o sistemas de tratamiento más tradicionales, optando por estos últimos. Entretanto, su hermana Emily había seguido sus pasos. Consiguió en primer lugar ser admitida en la Facultad de Medicina Rush, en Chicago, pero, tras un primer cuatrimestre, ésta cerró sus puertas a las mujeres. Logró sin embargo, completar sus estudios en la Facultad de Medicina de Cleveland, Ohio, y, posteriormente, completó su formación en Europa, estudiando con el famoso ginecólogo doctor James Simpson en Edimburgo y, posteriormente, París, donde, logró estudiar con el doctor Pierre Huguier y entrar en los cerrados claustros de La Maternidad para practicar obstetricia.

Tras regresar a Nueva York, Elizabeth instala su primera consulta en el 44 de University Place. La necesidad económica y el deseo de llevar a cabo sus proyectos de educación sanitaria, la impulsaron a organizar unas conferencias sobre la educación física de las muchachas, que impartió en la primavera de 1852, en los locales de una escuela dominical, y que fueron publicadas bajo el título de The Laws of Life in reference to the Physical Education of Girl. En 1853, alquila, con ayuda de algunas amistades, una pequeña habitación en la calle Siete cerca de Tompkins Square. Y en 1854, obtiene autorización para crear una institución donde las mujeres pobres sean atendidas por doctoras. En este dispensario, trasladado el 1 de enero de 1855 al 150 de la calle Tres, ejercerá Elizabeth una labor de medicina social, dando gran prioridad a la educación en medidas higiénicas, siendo con ello exponente de uno de los campos en que destaca la labor de las mujeres médicas del siglo diecinueve. El trabajo en el dispensario llegaría a ser parte del currículo médico para las alumnas de la escuela de medicina fundada posteriormente por Elizabeth y Emily Blackwell, insistiendo en la profunda relación entre enfermedad y condiciones sociales. En 1857, junto con su hermana Emily y la también doctora pionera Maria Zackzreswka, alquila una casa en Bleecker Street, para instalar un hospital que atenderá las necesidades de las pacientes y de las mujeres estudiantes de medicina. Esta institución recibió el nombre de New York Infirmary for Women and Children. María Zackzrewska fue nombrada doctora residente y Emily Blackwell, cirujana jefe.

En 1858, apenas un año después de la inauguración del hospital, Elizabeth decide volver a Inglaterra. En Londres, Florence Nightingale le propone la creación de una escuela de enfermeras empleando los recursos económicos de la fundación de su nombre, recogidos con tal fin cuatro años antes, tras su vuelta de Crimea, que no habían sido utilizados aún. Tal proyecto en común no se llevó a cabo, a causa de la diferencia de puntos de vista de ambas mujeres, recogidos en su correspondencia de la época. Elizabeth Blackwell proponía la creación de una escuela de enfermería y una escuela de medicina para mujeres, conectadas a un gran hospital de nueva creación. Todas las aspirantes a doctoras deberían pasar primero por la escuela de enfermeras. Asimismo se impartirían conferencias sobre higiene y salud abierta a todas las mujeres. La visión de Florence era diferente: en primer lugar consideraba que la escuela debía unirse a un hospital de prestigio, ya existente. Temía que proponer la creación de un nuevo hospital, llevaría consigo un fuerte rechazo por parte de la clase médica. Además, Nightingale pretendía formar a las mujeres para cuidar a los enfermos en el hogar y los hospitales, no para ser doctoras. Más bien, Florence Nightingale fue profundamente crítica a la lucha de las feministas por conseguir los mismos derechos de los hombres. Pese a su innegable contribución en la creación de la enfermería moderna, Florence, víctima de la cerrada mentalidad victoriana en su propia vida, no superó jamás la visión de dos esferas. Otra cuestión es si lo hicieron la propia Elizabeth Blackwell y otras muchas pioneras de la medicina y del feminismo. Esta corta estancia de Elizabeth en Inglaterra estará llena de actividad, entre otras, conferencias, en las que lleva a cabo su labor de divulgación de medidas sanitarias y reforma moral en la Institución Literaria Marylebone en Londres, y posteriormente en Manchester, Birmingham y Liverpool. Y, lo más importante, el 1 de enero de 1859, Elizabeth Blackwell es la primera mujer incluida en el Registro de Médicos de Gran Bretaña, que quedará después nuevamente cerrado para las mujeres. La joven Elizabeth Garrett asistió a una de estas conferencias y allí nació su vocación médica.

A su vuelta a Nueva York, durante los años de la guerra civil de Estados Unidos, Emily y Elizabeth trabajaron intensamente. En 1862, el hospital atendió 6.872 pacientes, en vez de las 3.680 atendidos dos años antes. En 1863, muchas de las pacientes eran personas de color que huían del sur, o viudas de soldados. Ello provocó que tuvieran que enfrentarse con una amenaza de ataque al hospital por parte de una muchedumbre enfurecida. Asimismo colaboraron en el reclutamiento y formación de enfermeras para atender a los soldados. Muy importante fue la participación de las mujeres como cuidadoras de la salud en la Guerra Civil. Hubo incluso una mujer cirujana en el frente, la doctora Mary E. Walker, licenciada en Siracusa en 1855. Su casa de Montclair, Nueva Yersey, serviría para dar refugio a muchas de las personas negras huidas del sur. En octubre de 1869, Elizabeth funda, junto con su hermana Emily, el Woman’s College of the New York’s Infirmary for Women and Children.

En 1869, Elizabeth regresa a Londres, donde combina la práctica médica con la dedicación a lo que constituirá su vocación fundamental durante el resto de su vida: su cruzada moral contra la prostitución y a favor de la educación sexual y moral de los jóvenes. Tras una estancia en casa de su amiga Bárbara Bodichon en Blandford Square, se instala y practica la medicina privada en Bruwood Place, donde funda, en julio de 1871, una Sociedad de Salud Nacional cuyo objetivo sería fomentar hábitos de vida saludables entre todas las clases de la sociedad. Su propia salud se deteriora y, en 1873, tiene que interrumpir su actividad, sin embargo, aún colaborará en la creación de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, en 1874, aceptando la cátedra de Ginecología. Sus problemas de salud la llevan a buscar una vida más tranquila. Desde 1879 se retiró a la localidad de Hastings, donde compró en 1883, una pequeña casa de ladrillo rojo construida en la ladera de la colina del castillo de Hastings. Una pequeña placa colocada sobre la fachada de la casa, la recuerda actualmente, con palabras de alabanza a su coraje frente a la adversidad. Y aquí es, en Rock House, donde Elizabeth escribió sus memorias, que publicó, en 1895, con el título de Pioneer Work, Autobiographical Sketches Elizabeth pasó los últimos treinta años de su vida en la histórica ciudad de Hastings, cuna de Sophia Jex-Blake y Bárbara Bodichon. Hastings fue testigo de la intensa actividad de la doctora Blackwell, no en la práctica médica directa, sino realizando una labor de divulgación, dando clases a mujeres obreras, preparando voluntarias para actuar en salud pública, y participando en distintas organizaciones, dedicadas a la reforma moral y a promover la reforma del gobierno local. Elizabeth Blackwell murió en Hastings, el 31 de mayo de 1910, siendo enterrada, según sus deseos, en Kilmunm, pequeña localidad de Escocia.

Conviene resaltar la aportación de Elizabeth Blackwell como escritora y divulgadora. Aunque sus ideas nos resulten actualmente excesivamente conservadoras y puritanas, conviene valorarlas en el contexto de su época. Mantiene que la mujer posee una capacidad natural que la hace especialmente adecuada para dedicarse al cuidado de la salud, ejerciendo al mismo tiempo una labor de reformadora social, si bien estas cualidades deben completarse con una sólida formación científica e intelectual. Defiende que tanto las mujeres como los hombres jóvenes deben recibir educación sexual, y que ambos deben someterse a una misma moral sexual, rechazando la doble moral imperante que condenaba a la mujer a la inhibición sexual y permitía al hombre el acceso al cuerpo de las prostitutas como vía de desahogo de sus impulsos sexuales. Su defensa de la castidad y su condena de la masturbación son claro reflejo de la mentalidad más estrictamente puritana, pero tienen el aspecto positivo de exigir un mismo comportamiento a ambos sexos. Por otra parte, resultaba osado que una mujer, aunque fuese doctora, se atreviese a abordar el tema de la sexualidad y defender la necesidad de la educación sexual, aun manteniendo puntos de vista conservadores.

^ Elizabeth Garrett, hermana mayor de la famosa líder feminista Millicent Fawcett, nació en el East-End londinense el 9 de junio de 1836, aunque desde 1841 la familia fija su residencia en Aldeburgh, localidad de la que ella sería la primera mujer alcaldesa de Inglaterra en su vejez. Elizabeth crece en una familia numerosa, religiosa y con una economía floreciente gracias a la buena marcha de los negocios de su padre. Como nos dice su biógrafa Jo Manton, Elizabeth “fue un producto de la revolución industrial y su clase social fue un factor decisivo en su éxito”. 1 Tras haber completado su educación en un internado de señoritas, en 1851, Elizabeth continuó estudiando latín y aritmética con la ayuda del tutor de uno de sus hermanos. En 1854, a los dieciocho años, durante una visita junto con su hermana Louie a su amiga Jane Crow en Londres, Elizabeth tuvo ocasión de conocer a quien sería su amiga más cercana: la pionera de la lucha por la educación superior de las mujeres, Emily Davies, fundadora de Girton College. La vida de Elizabeth estaba ocupada con los quehaceres propios de hermana mayor de una familia numerosa de posición social acomodada. Pero deseaba algo más, como expresaba ella misma años más tarde, al preparar el borrador de un discurso para la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres. Durante su estancia en Inglaterra en 1859, momento en que logró ser la primera mujer incorporada al Registro de Médicos de Gran Bretaña de acuerdo con la Ley de 1858, Elizabeth Blackwell pronunció tres conferencias sobre La Medicina como una Profesión para Señoras, organizadas por Bárbara Bodichon en Portman Rooms, Baker Street, Marylebone. Elizabeth fue invitada a la conferencia y presentada a Blackwell, quien la trató dando por supuesto su deseo de seguir la vocación médica y en tal sentido dirigió la conversación. Elizabeth pasó las semanas siguientes con Jane Crow y Emily Davies, cuya influencia fue decisiva para que regresara a Aldeburgh, decidida ya a ser doctora y comenzar su preparación inspirándose en un artículo de Elizabeth Blackwell titulado “Jóvenes deseosas de estudiar medicina”, publicado en The Englishwoman’s Journal, periódico feminista fundado por Bárbara Bodichon, en enero de 1860. Al encontrarse en aquellos momentos la familia atravesando una difícil situación económica, Elizabeth decidió retrasar el planteamiento a sus padres de su vocación profesional. Comenzó, sin embargo, su preparación tomando clases de latín y griego con el maestro de Aldeburgh, y leyendo y mejorando su expresión escrita con la ayuda de Emily Davies. Tras mejorar la situación financiera de la familia, Elizabeth finalmente comunicó su decisión a sus padres el 15 de junio de 1860, recién cumplidos los veinticuatro años. Pasada una primera reacción de rechazo, su padre se convierte en el principal defensor de la causa de Elizabeth como doctora, acompañándola a Londres para solicitar el consejo de los doctores más importantes. Por influencia del matrimonio Gurney fue admitida como aspirante a enfermera en la sección de cirugía del Middlesex Hospital de Londres, por un periodo de seis meses. Elizabeth solicitó ser aceptada plenamente como alumna de la Escuela de Medicina del Hospital, abonando el pago correspondiente, lo que le fue denegado. Sin embargo, se le permitió entregar una donación, a cambio de poder aprender sin carácter de alumna oficial. Fue autorizada a recibir clases particulares de latín, griego y materia médica impartidas por el boticario, Mr. Joshua Plaskitt, y se le facilitó una habitación donde poder estudiar y practicar disecciones durante algunos meses, hasta febrero de 1861. Se le permitíó seguir las visitas médicas, hacer algunas horas de práctica en el dispensario, ver algunos pacientes en urgencias, e, incluso, presentarse a los exámenes preparados por el cirujano Joshua Plaskitt y el Dr. Willis. Tras la marcha de Mr. Plaskitt en marzo, continuó realizando estudios de química con Mr. Taylor y visitas médicas con el Dr. Thompson. En mayo, no logró ser aceptada como alumna regular del curso completo de verano, pero sí que se le permitiera pagar tasas para asistir a algunos ciclos de conferencias y clases prácticas, por lo que debió firmar el juramento de comportarse como un caballero, al igual que el resto de los alumnos. Sin embargo, se le retiró el permiso para asistir a disecciones. En junio de 1861, Elizabeth consiguió mención de honor en todas las materias cursadas, ante lo que el profesor, al enviarle los resultados obtenidos, le hizo esta sugerencia: “¿Le puedo rogar que tenga la máxima precaución de mantener esto como un secreto ante los estudiantes?2 Se había aceptado el capricho original de una dama de adquirir nociones de medicina, pero que pudiera demostrar una capacidad no ya igual, sino superior a la de los estudiantes hombres, no sería tolerado. Durante una visita médica, Elizabeth fue la única capaz de contestar una pregunta del profesor. Ello provocó que un grupo de cuarenta y tres alumnos dirigiesen un escrito al Comité Rector de la Escuela de Medicina, solicitando su expulsión. Las razones aducidas por este grupo de alumnos recogen algunos de los prejuicios repetidamente esgrimidos contra la educación médica de las mujeres. ¿Por qué no los habían formulado hasta que Elizabeth demostró su capacidad? He aquí algunos extractos del escrito: “Consideramos: Primero: que la unión promiscua de los sexos en la misma clase es una innovación peligrosa que probablemente tendrá resultados desagradables. Segundo: Que en aquellos casos en que el estudio de cualquier otra ciencia es llevado a acabo por ambos sexos, se forma una clase aparte para cada uno, tanto más debe llevarse a cabo tal provisión para las mujeres antes de que puedan tener acceso al estudio de la ciencia de la cirugía o la medicina con las ventajas que se deben a la importancia de la materia. Tercero: Que los conferenciantes pueden sufrir (aunque sea inconscientemente) alguna restricción por la presencia de las mujeres, al explicar algunos hechos de la forma explícita que es precisa para la correcta comprensión del alumnado. Cuarto: Que la presencia de jóvenes mujeres como espectadoras pasivas en el quirófano es un ultraje a nuestros instintos naturales, calculado para destruir aquellos sentimientos de respeto y admiración con que el sexo opuesto es mirado por todos los hombres bien-pensantes, siendo tales sentimientos un signo de civilización y refinamiento. Más aún, queremos hacer constar que la presencia de una estudiante femenina en la Escuela del Middlesex ha dado que hablar y se ha convertido en motivo de reproche en otras instituciones similares de esta ciudad. Y que sus miembros están sometidos al riesgo de sufrir situaciones que atenten contra los sentimientos de orgullo y satisfacción que debe poseer todo estudiante respecto a la Escuela a la que pertenece.3

Elizabeth respondió con un escrito dirigido a los alumnos, extremadamente correcto teniendo en cuenta la actitud que ellos habían mostrado. Presentó también una carta al Comité del Hospital, en la que ofrecía una donación de dos mil libras para crear una fundación que becase cada año a una mujer estudiante de medicina. Aunque otro grupo de alumnos fue favorable a la permanencia de Elizabeth y se disculparon por el comportamiento de sus compañeros, el Comité de la Escuela de Medicina votó el 13 de junio, por siete votos a favor, uno en contra y cinco abstenciones, que era inadmisible e inconveniente admitir señoras a las clases en futuras sesiones. Por tanto, Elizabeth no podría cursar nuevas materias ni sería admitida a más clases, aunque se le permitía completar aquellas cuyos derechos había abonado. El profesor de química, Mr. Heisch, le sugirió que no acudiese al examen que se celebraría el día 12 de junio, pero Elizabeth hizo prevalecer el derecho a clases y exámenes que había obtenido al abonar las tasas correspondientes. En julio de 1861, Elizabeth terminaba el primer año de su azarosa carrera de medicina, recibiendo certificados honoríficos en química y materia médica. Las escuelas de medicina de los hospitales de Grosvenor Street y Westminster rechazaron su solicitud por algunos votos en contra, y el Hospital de Londres por unanimidad del profesorado, esgrimiendo siempre el argumento de que ningún tribual examinador admitiría mujeres para conseguir el título que les permitiera ejercer la medicina legalmente. Ante tales razones, en ese mismo mes de junio de 1861, Elizabeth escribió a los tribunales examinadores de Oxford, Cambridge, Glasgow y Edimburgo. Todos rechazaron su solicitud de ser admitida a examen. El Real Colegio de Cirujanos, al que se dirigió para obtener el diploma de comadrona, manifestó rotundamente que ellos “no apoyarían en forma alguna la entrada de las mujeres en la profesión médica.4 Únicamente le quedaba la Sociedad de Boticarios, que tenía licencia real desde 1815, para examinar y conceder licencia para practicar la medicina a todas las personas candidatas que hubieran completado tres años de estudios y práctica hospitalaria con un doctor. Elizabeth cursó su solicitud a la Sociedad de Boticarios a través del Dr. King, figurando como alumna-aprendiz del Dr. Plaskitt. El 20 de agosto de 1861, recibió una carta de aceptación junto con la lista de asignaturas que debía demostrar haber cursado para acceder al título. Intentó acceder a las universidades de Edimburgo y St. Andrews, siendo rechazada por ambas. Intentó de nuevo ser admitida por la Universidad de Londres en abril de 1862, y, dado que se iban a elaborar unos nuevos estatutos de dicha universidad, Elizabeth y Emily Davies redactaron un documento, que fue presentado por Newson Garrett, padre de Elizabeth, al Senado de la Universidad, en el que se proponía que los futuros estatutos permitieran la matriculación de mujeres. Asimismo aportaron una amplia lista de personalidades que apoyaban la solicitud. De los veintiún miembros presente durante la votación realizada el 7 de mayor de 1862, diez estaban a favor, diez en contra y uno se abstuvo. El voto de calidad del rector, Lord Granville, a quien Elizabeth consideraba un amigo, hizo que la moción fuera rechazada, y con ella las esperanzas de Garrett de conseguir un doctorado en medicina en Inglaterra.

Elizabeth completó el currículo exigido, durante los cuatro años siguientes, estudiando de forma privada con algunos doctores de prestigio, ginecología con el famoso profesor de Edimburgo James Young Simpson, obstetricia con el Dr. Alexander Keiller de la Escuela de Surgeon’s Hall de esa misma ciudad, anatomía práctica con el Dr. L.S. Little, y anatomía descriptiva con el Dr. John Adams, ambos de la Escuela de Medicina del Hospital de Londres. Completó su preparación realizando prácticas en el dispensario de Spitalfields y como enfermera en Hospital de Londres. En julio de 1864, Elizabeth abandonaba este hospital con un certificado que hacía constar que había atendido, bajo su entera responsabilidad, cincuenta y cinco partos, habiendo realizado de esta forma las prácticas de comadrona requeridas por la Sociedad de Boticarios. Anteriormente, el 5 de abril, había solicitado al presidente del Real Colegio de Médicos permiso para presentarse al examen de licenciatura de dicho organismo, lo que le había sido denegado cinco semanas más tarde. A las cinco de la tarde del día 28 de septiembre de 1865, Elizabeth se presentó, junto con otros siete candidatos, al examen oral de la Sociedad de Boticarios. Las preguntas de su examinador, Mr. Wheeler, versaron sobre medicina, obstetricia y patología médica. Sólo tres de los ocho aspirantes obtuvo el título. “Dos de los examinadores comentaron posteriormente que había sido una suerte que no se publicasen los nombres por orden de calificación obtenida, pues en ese caso el suyo hubiera sido el primero.5 La prestigiosa revista The Lancet publicó una nota titulada “Frocks and Gowns”, felicitando a Elizabeth, pero no exenta de crítica y prejuicios. ““Sin duda”, observaba el escritor, “los examinadores tuvieron la debida consideración a su sexo y omitieron todos aquellos temas de examen que hubieran supuesto un choque a la mente femenina.”6

Ayudada económicamente por su padre, Elizabeth instaló su consulta y su residencia en el 20 de Upper Berkeley Street, vivienda que compartía con su amiga Jane Crow, a la sazón secretaria de la Sociedad para Promover el Empleo de las Mujeres. En septiembre de 1866, fue admitida en el Registro de Médicos de Gran Bretaña, al igual que Elizabeth Blackwell siete años antes. Pero pese a poder ya ejercer legalmente como doctora en Gran Bretaña, Elizabeth Garrett no renunciaba a poder obtener una titulación de rango universitario. Sabiendo que la norteamericana Mary Putnam, graduada por la Escuela de Medicina de Mujeres de Filadelfia, había sido admitida en la Sorbona, Elizabeth solicitó permiso para realizar los seis exámenes y la defensa de tesis, exigidos para la obtención del doctorado en medicina por dicha universidad, sin asistir a clase, ni residir en París, ni haber obtenido previamente certificados de estudios en francés. El embajador británico en Francia presentó la solicitud de Elizabeth a la Facultad de Medicina a través del Ministro de Instrucción Pública. Su petición coincidió con la solicitud de otras dos aspirantes y el consejo de la facultad votó en contra de la admisión. Sin embargo, el decano informó del caso al Ministro de Instrucción Pública, quien, a su vez, lo remitió al Consejo de Ministros. Fue la intervención de una mujer española, la Emperatriz Eugenia de Montijo, que presidía el Consejo de Ministros por enfermedad de su esposo, el Emperador, la que decidió la aceptación de Elizabeth en la Sorbona. Entre marzo de 1869 y junio de 1870, Elizabeth realizó los exámenes exigidos y defendió sus tesis, mientras continuaba con su actividad profesional tanto en el dispensario como en su consulta privada, además de ser nombrada Visitadora Médica del Hospital de Londres para febrero de 1870, y miembro del Comité del Colegio para Mujeres de Cambridge, abierto en octubre de 1869 por Emily Davies. El 15 de enero, presentaba su tesis, “Sobre la Migraña”, a un jurado compuesto por los doctores Axenfled, patólogo, Broca, cirujano, y los agregados en ejercicio, Cornil y Duplay. El 15 de junio de 1870, se celebró la lectura pública de la tesis. Elizabeth Garrett había finalmente conseguido ser doctora en Medicina por una facultad de prestigio, contribuyendo a derribar algunos de los muros de la sólida fortaleza que impedía a las mujeres el acceso a la vida académica y profesional.

Tras seis meses de práctica privada, Elizabeth decidió fundar en la zona más pobre de Marylebone, un dispensario donde las mujeres de escasos recursos económicos recibiesen el tratamiento médico de una doctora cualificada, de forma gratuita o semigratuita. El dispensario comenzó a funcionar en medio de una importante plaga de cólera que azotó Inglaterra en el año 1866, la cuarta del siglo XIX, tras las de 1831, 1847 y 1853, y que se hizo sentir muy especialmente en el East End y otras zonas pobres londinenses, en que la población vivía en pésimas condiciones de higiene y salubridad. Esta situación favoreció el que se aceptase sin hostilidad la creación de un dispensario por parte de la única mujer que ejercía en aquel momento como doctora en Gran Bretaña. La apertura se formalizó con un pequeño discurso por parte del Dr. Billings, antiguo profesor de Medicina del Hospital de Londres. Elizabeth contaba con un grupo importante de médicos asesores, y algunos de sus antiguos profesores colaboraron financieramente al proyecto. Durante la epidemia el dispensario se abría dos veces al día, para atender a las personas que presentaban algún síntoma de padecer la enfermedad. A partir del otoño de 1866, Elizabeth atendía tres veces por semana, llegando a tener entre setenta y ochenta pacientes cada día. Durante el primer año, admitió tres mil nuevos casos, que recibieron unas nueve mil trescientas consultas en el dispensario. Realizaba asimismo visitas a domicilio sin carga económica extra. Contaba con la colaboración de tres jóvenes, Frances Morgan, Louisa Atkins y Eliza Walker Dunbar, que se preparaban para obtener como ella la licenciatura de la Sociedad de Boticarios, pero en mayo de 1868, dicha Sociedad modificó sus estatutos, excluyendo así a las mujeres del acceso a sus exámenes, por lo que las tres cursaron finalmente sus estudios y obtuvieron la titulación en la universidad de Zurich. La fama del dispensario atrajo a mujeres de todos los barrios de Londres, y en 1871, con la colaboración de James Skelton Anderson, su esposo desde febrero de ese mismo año, Elizabeth decidió transformarlo en un hospital para mujeres cuya plantilla: doctoras, enfermeras, boticarias, secretarias, trabajadoras sociales voluntarias, personal de limpieza, etc., estuviese compuesta única y exclusivamente por mujeres. En febrero de 1872, Lord Shaftesbury inauguró el New Hospital for Women, que consistió inicialmente en diez camas situadas en una planta sobre el dispensario en Seymour Place. En 1874, el hospital se trasladó a tres casas situadas en el 220, 222 y 224 de Marylebone Road, donde se disponía de veintiséis camas para enfermas internas. Desde 1871, Elizabeth contó con la colaboración de Miss Francis Morgan, quien, al ser doctora por Zurich, no podía darse de alta en el Registro de Médicos y ejercer en Inglaterra, lo que suponía que Elizabeth era la única doctora autorizada para actuar como tal y llevar a cabo operaciones en el hospital. En 1876, se incorporó Mrs. Louisa Atkins, tras obtener el título por Zurich, y una alumna residente. Cada una atendía tres consultas de dos horas a la semana y se turnaban para las visitas a domicilio. En 1878, dimitió Frances Morgan, quien fue sustituida por Mrs. Bovell Sturge. En esa misma fecha se incorporó una enfermera jefe procedente de la escuela de Florence Nightingale, que había ejercido ya tres años como jefa de sala en el Hospital de Santo Tomás. Esta matrona y las dos jóvenes enfermeras a su cargo fueron el comienzo de la Escuela de Enfermeras del Nuevo Hospital para Mujeres. En los años 80, se incorporó la doctora Mary Marshall, hermana de James Skelton Anderson. En 1885, el hospital contaba con cuatro doctoras: las doctoras Marshall, De la Cherois, Atkins y Elizabeth Garrett. En 1887, se incorporó asimismo la doctora Mary Scharlieb, antigua alumna de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, fundada en 1874, quien era una de las dos primeras graduadas en la Universidad de Londres, que había ejercido en la India y contaba con experiencia en operaciones abdominales. En 1887, próximo a finalizar el periodo de alquiler de las casas de Marylebone Road, Elizabeth organizó una importante campaña, no sólo para obtener fondos para la creación de una nueva sede para el hospital, sino también para conseguir mayor apoyo social a la causa de las mujeres doctoras, utilizando, entre otros argumentos, la necesidad de las mujeres indias de ser atendidas por doctoras. Contó con el apoyo económico y moral de Florence Nightingale, quien, gracias a su donación de cincuenta libras, pasó a ser miembro vitalicio del Comité de Gobernadores del Hospital. El 7 de mayo de 1889, la Iglesia Anglicana y la Corona bendecían la causa de las mujeres, en una ceremonia ampliamente difundida por la prensa, con participación del Obispo de Canterbury y la Princesa de Gales, quien colocó la primera piedra del futuro hospital. Un año más tarde, el nuevo edificio de ladrillo rojo de Euston Road abría sus puertas. En 1892, Elizabeth Garrett presentó su dimisión como doctora de plantilla del Nuevo Hospital para Mujeres, quedando Mary Scharlieb como su sucesora. Contaba entonces el Hospital con dos cirujanas, Mary Scharlieb y Florence Nightingale Boyd (de soltera Florence Nightingale Toms) y dos doctoras jefes, Julia Cock y Jane Walker; cuarenta y dos camas para pacientes internas; un departamento de consultas externas atendido por seis doctoras, que se turnaban atendiendo cada una dos tardes a la semana; y un departamento de oftalmología a cargo de la Dra. Charlotte Ellaby. Continuó Elizabeth como Presidenta del Comité Rector del Hospital, hasta 1902, año en que fue nombrado Mr. A.G. Pollock, a quien sucedió a su vez, veinticinco años más tarde, el Dr. Alan Anderson, hijo de Elizabeth Garrett. En 1898, se construyó un laboratorio de patología, un quirófano en la planta de cirugía, una sala para enfermas de cáncer, y una sala de espera más amplia para las pacientes externas. A la muerte de Elizabeth, en 1917, el Hospital recibió el nombre de Elizabeth Garrett Anderson Hospital. El Elizabeth Garret Anderson mantuvo la política de atención a mujeres, con una plantilla exclusivamente femenina, así como la tradición de financiarse en parte con la contribución de diferentes organizaciones de mujeres. En 1929, la Reina Madre presidió la apertura de una nueva sección y en 1940, inauguró la Casa de Maternidad Garrett Anderson, en Belsize Grove, Hamsptead. Esta maternidad, que no atendía consultas externas, disponía inicialmente de veintisiete camas, que aumentaron a treinta y cinco en 1966. En 1913, se abrió un hospital para convalecientes de diecinueve camas, situado en Rosa Morison House, Barnet, que pasó a depender, en 1972, del Comité de Dirección del grupo de Hospitales Barnet. Durante la segunda Guerra Mundial, el hospital continuó su funcionamiento pese a encontrarse en una zona extremadamente vulnerable, dada su cercanía a tres estaciones de ferrocarril. Parte de la residencia de enfermeras se transformó en salas para atención de las personas heridas en los bombardeos y, por primera vez en su historia, se abrió una sala para atender a pacientes de sexo masculino, cambios que terminaron con el final de la guerra. En 1948, al crearse el Servicio Nacional De Salud, el Hospital Elizabeth Garrett Anderson se integró en el grupo de hospitales del Royal Free Hospital, donde permaneció hasta 1962, año en que la reorganización del Royal Free impidió la existencia de unidades hospitalarias independientes. El Elizabeth Garrett Anderson pasó entonces a formar parte del Grupo de Hospitales Regionales Metropolitanos, quedando integrado en el Grupo de Hospitales del Norte de Londres, desde 1963. En esta fecha, la Escuela de Enfermería pasó asimismo a formar parte de la Escuela Preparatoria del Grupo de Hospitales del Norte de Londres. En 1974, tras una nueva reorganización del Servicio Nacional de Salud, el Hospital Elizabeth Garrett Anderson pasó a formar parte del grupo de hospitales bajo el control de las Autoridades Sanitarias del Área de Islington y Camden. En septiembre de 1974, el Consejo General de Enfermería retiró al Elizabeth Garrett la consideración de hospital universitario autorizado para preparar personal de enfermería. Como consecuencia, se hizo preciso contratar a la totalidad del personal de enfermería, incluyendo el personal auxiliar, lo que suponía un incremento importante de los gastos. Esto, junto con el deterioro de las instalaciones, hizo que el cierre del hospital pareciese inminente, lo que provocó la creación de un Comité de Acción que promovió una amplia campaña a favor de su permanencia, incluyendo la presentación al Gobierno, en julio de 1975, de una petición con veintitrés mil firmas, y una marcha de sindicalistas en Londres en julio de 1976.

En noviembre de 1975, la entonces Ministra de Sanidad, Barbara Castle, visitó el Elizabeth Garrett Anderson, anunciando tres meses más tarde la decisión ministerial de proceder a su cierre, por ser pequeño, antieconómico y requerir grandes reformas. Se pretendía trasladarlo a otro hospital más grande, probablemente el Whittington en Highgate. Desde octubre de 1976, se intensificó el movimiento en defensa del Elizabeth Garrett Anderson, mediante piquetes formados por pacientes, amigos y miembros del personal, para impedir su desmantelamiento, y lograr una amplia cobertura del tema en los medios de comunicación. Como parte de esta campaña se celebró una exposición sobre la historia del Hospital en el mes de mayo de 1977. En 1979, Margaret Thatcher reprivatizó el Elizabeth Garrett, e invirtió dos millones cuatrocientas mil libras en su reconstrucción y remodelación, a lo que se unió medio millón de libras recogido por la Fundación de Apoyo, para gastos de mobiliario y equipamiento. En 1984, el Hospital volvió a abrir sus puertas, unido con el Hospital de Mujeres del Soho. En 1989, se incorporaron por vez primera ginecólogos a la plantilla. En los últimos años del siglo XX, el Elizabeth Garrett ha venido atendiendo unas mil quinientas pacientes internas cada año, más otras tantas en consultas externas, incluyendo clínicas para planificación familiar, prevención del cáncer de mama, etc. A finales del año 2000 se precedió al cierre definitivo del viejo edificio de ladrillo rojo de Euston Road, inaugurado por los Príncipes de Gales en 1890, trasladándose provisionalmente a Huntley Street. Ya se ha comenzado la construcción de un nuevo gran hospital en Euston Road, cuya apertura está prevista para el año 2005. A partir de esta fecha se comenzarán, dentro de este macro conjunto hospitalario, las obras del nuevo edificio que albergará el Elizabeth Garrett Anderson, y que se prevé esté terminado para el año 2008. Este nuevo hospital seguirá manteniendo la tradición establecida por su fundadora, de que las pacientes puedan ser atendidas por doctoras, si así lo solicitan.

^ Elizabeth Garrett y la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres. En el verano de 1874, y ante la imposibilidad en que se encontraban las mujeres británicas para acceder al estudio y el ejercicio de la medicina, Sophia Jex-Blake, con la ayuda del Dr. Francis Anstie y el cirujano Arthur Norton, promovió la creación de una escuela de medicina de mujeres, al estilo de las que ya funcionaban en Estados Unidos. El 22 de agosto se celebró la primera reunión formal de constitución de la escuela, en la que se eligió un Consejo provisional compuesto por veintiún doctores debidamente registrados, incluidas las dos únicas mujeres cuyos nombres figuraban ya en el Registro de Médicos de Gran Bretaña, Elizabeth Blackwell y Elizabeth Garrett, pese a la oposición inicial de ésta última a la creación de una escuela exclusivamente para mujeres. Probablemente, lo que decidió a Elizabeth Garrett fue la insistencia de Sophia Jex-Blake, quien le dirigió una carta el 21 de agosto de 1874, haciendo constar la conveniencia de que apoyara el proyecto que, en todo caso, se llevaría a cabo aún sin su colaboración. La escuela abrió sus puertas el 12 de octubre de 1874, sin ningún acto de apertura formal, sino iniciando directamente las clases, tan ansiadas por las catorce mujeres que constituían el alumnado en aquel momento: Mrs. Thorne, Miss Sophia Jex-Blake, Miss Pechey, Mrs. Marshall, Miss Kerr, Miss Annie E. Clark, Mrs. Foggo, Miss Vinson, Miss Rorison, Miss Shove, Miss Elizabeth Walker, Miss Agnes McLaren, Miss Waterston y Miss Fanny Butler. Entre el profesorado que componía el primer claustro de la escuela figuraba una mujer, Elizabeth Garrett Anderson, profesora de Obstetricia. En los primeros tres años, la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres hubo de superar dos problemas importantes: obtener el reconocimiento oficial de un Tribunal Examinador y conseguir que sus alumnas pudiesen realizar prácticas en un hospital de al menos cien camas. En octubre de 1877, la escuela comenzó las sesiones de invierno del curso 1887-78 con un prometedor futuro por delante, tras haber sido reconocida por el Colegio de Médicos de Irlanda, como Tribunal Examinador, y haber firmado un acuerdo con el Royal Free Hospital de Londres para la realización de las prácticas. La diplomacia de Elizabeth en sus gestiones contribuyó a la decisión final del Senado de la Universidad de Londres, de proponer una nueva carta de derechos y obligaciones que permitía el acceso de las mujeres a todas las titulaciones de tal universidad. En la primavera de 1878, surgió una nueva cuestión: se presentó al Parlamento una ley exigiendo que para practicar la medicina se requiriese la obtención de los títulos en medicina y cirugía. El Consejo General de Médicos propuso admitir a las mujeres a un examen aparte y hacer un registro de doctoras, independiente del Registro General de Médicos. La propia Sophia Jex-Blake se dirigió a Elizabeth pidiéndole que redactase una protesta. En una larga carta al Times, Elizabeth manifestó que estaba de acuerdo en que se exigiese una triple titulación en medicina, cirugía y obstetricia, pero proponía que existiese un solo cuerpo de tribunales con un solo tipo de examen para hombres y mujeres. En absoluto estaba dispuesta a admitir una categoría inferior de mujeres doctoras. Con tono irónico, escribió: “Lo que las mujeres piden es que se les exija saber lo mismo que los hombres... El que hagan sus exámenes en la misma mesa que los candidatos varones, o en otra mesa en la misma habitación, en la habitación contigua, o incluso en casas distintas o calles diferentes, son asuntos que probablemente pueden decidirse sin la intervención del Parlamento. Con tal que los exámenes sean iguales, y se sigan idénticos criterios de corrección, nadie va a preocuparse por estas trivialidades.”7 En este mismo año de 1878, Elizabeth publicó un pequeño texto médico de bolsillo, dedicado al uso de sus alumnas, titulado The Student’s Pocket Index. Era un cuaderno de trabajo en el que cada página izquierda contenía una lista de enfermedades agrupadas por temas tales como Enfermedades del Sistema Nervioso, del Sistema Respiratorio, etc., y la página derecha estaba dividida en columnas a completar por la alumna, con información sobre las clases a que había asistido, las lecturas realizadas, etc. Pretendía con ello brindar a las alumnas un instrumento donde poder anotar todo su trabajo clínico para referencia posterior. Como profesora no publicó sus clases, pero los apuntes tomados por una de sus alumnas, Louisa Aldrich-Blake, que sería decana de la escuela desde 1914 a 1925, se conservan actualmente en la Wellcome Library de Londres.

En 1883, el año de su nombramiento como decana, Elizabeth Garrett tuvo la satisfacción de presentar a Mary Scharlieb y Edith Shove, las dos primeras alumnas que optaban al título de licenciadas en Medicina por la Universidad de Londres. En el acto de graduación el Canciller de la Universidad hizo una mención especial del alto nivel académico conseguido por Mary Scharlieb, quien había obtenido una medalla de oro, una beca y la nota máxima en dos exámenes. Como decana, Elizabeth podía sentirse satisfecha del rendimiento obtenido por sus alumnas. En ese mismo año de 1883, Mr. Norton afirmó que los exámenes de cirugía de las alumnas de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres eran los mejores que había corregido en toda su vida académica. Y en 1889, en el discurso de apertura de la Universidad de Glasgow, el Profesor George Buchanan dijo que más de la mitad de las notas máximas obtenidas en anatomía, fisiología y materia médica en la Universidad de Londres, correspondían a las alumnas procedentes de la escuela. A lo largo de la década de los noventa, Elizabeth llevó a cabo la labor de mayor envergadura como decana de la escuela: promover el proyecto de reconstrucción de la sede de la misma. Para financiarlo solicitó la aportación económica del público inglés a través de las páginas del Times, apoyándose en la buena aceptación popular del Nuevo Hospital para mujeres, cuyas salas estaban siempre llenas y contaba con una continua lista de espera de pacientes

La Escuela de Medicina de Mujeres de Londres era entonces, evidentemente, el mayor centro de formación de doctoras en el Reino Unido. En el año 1895, el Registro contaba con 200 mujeres doctoras, de las cuales 150 procedían de la escuela. Se habían derribado las barreras de la universidad de Londres, pero no las de los Reales Colegios de Doctores y Cirujanos. Cuando en 1887, los Colegios solicitaron redactar una nueva constitución que les concediera poderes para otorgar titulaciones, el Consejo de la Escuela hizo una apelación al Consejo Privado de su Majestad y al Consejo General de Médicos, para que se garantizase que la nueva constitución permitiese la admisión de mujeres. El tema quedó pendiente hasta 1895, año en que el Consejo Ejecutivo de la Escuela envió un nuevo escrito a los Reales Colegios, haciendo constar los cambios que se habían producido desde 1887 y solicitando de nuevo la admisión de las mujeres. Los Colegios rechazaron nuevamente la petición. No se produjo una tercera solicitud por parte de la escuela, pero en enero de 1910, la Dirección Conjunta de ambos Colegios autorizó el acceso de las mujeres a sus exámenes. Y en 1925, el Real Colegio de Médicos adoptó finalmente la resolución de que las mujeres podían ser elegidas miembros del mismo y tenían derecho a tomar parte en el gobierno y dirección del Colegio y ostentar cualquier cargo a que tuviera derecho un hombre. En el año 1898, Elizabeth dimitió de su cargo de profesora, y centró toda su actividad en su gestión como decana. El 11 de julio de 1898, se celebró, bajo su presidencia como decana, la inauguración del primer edificio de la remodelada escuela. Elizabeth contó con la presencia oficial del Príncipe y la Princesa de Gales. Si el comienzo de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres en 1874 había estado exento de ceremonia, la inauguración oficial de la nueva sede en 1898 fue un acto público y brillante. Invitadas principales al acto fueron doscientas cincuenta mujeres doctoras, entre ellas Elizabeth Blackwell. Toda esta parafernalia social produjo el resultado de 4.000 libras de aportación para el fondo de construcción y un importante incremento de la respetabilidad social de la escuela. En 1901, tuvo la satisfacción de vivir la incorporación de la escuela a la Universidad de Londres. En 1902, a la edad de sesenta y tres años, Elizabeth Garret dimitió como decana, sucediéndola en el cargo la Dra. Cock con Louisa Aldrich Blake como Vicedecana. Se creó entonces en su honor un nuevo cargo, el de Presidenta. Hasta el final de su vida mantuvo el interés por la escuela. En 1913, apoyó la nueva remodelación y contribuyó con mil libras anuales durante tres años. Cuentan sus biografías que cercana su muerte pronunció estas palabras “No debemos abandonar la Escuela.8

Hablar de ^ Sophia Jex-Blake es hablar de la batalla de las mujeres por obtener el derecho a la educación en medicina en pie de igualdad con los hombres, batalla legal a nivel universitario y parlamentario. No se trata ya de una lucha personal heroica y aislada, ni de la consecución de soluciones individuales para lograr sus objetivos, como en el caso de Elizabeth Blackwell y Elizabeth Garrett, sino que Sophia Jex-Blake es protagonista indiscutible en una campaña de amplia repercusión social para lograr el acceso de la mujer británica a la formación médica universitaria y a los exámenes que la permitieran graduarse, y registrarse para practicar legalmente la medicina en su país. Sophia Jex-Blake nació en el 3 de Croft Place, en el corazón de la histórica ciudad de Hastings, el 21 de enero de 1840. Sophia fue la hija menor del matrimonio compuesto por Thomas, jurista de profesión, hombre extremadamente serio y estudioso, y María, muy piadosa y enfermiza, quienes constituían una familia de la alta burguesía, altamente conservadora, muy religiosa, perteneciente al Movimiento Evangélico de la Iglesia Anglicana. Entre los ocho y los dieciséis años, cambió de colegio seis veces, teniendo dificultad para adaptarse a la rigidez normativa y falta de interés intelectual y actividad física de los internados de niñas de la época. Entre los ocho y los diez años de edad, Sophia, escribió su primer libro. En sus cuadernos infantiles, creó una utopía, el reino de Sackermena, dirigido por ella bajo el nombre del Gran Moguel y el Despótico Emperador Grandiflora. Su espíritu de líder y su capacidad de organización posteriores ya se anunciaban en su precoz habilidad para imaginar en detalle la forma de gobierno, leyes, etc., de Sackermena. Curiosamente, y pese a la educación religiosa impuesta por sus padres y la fuerte religiosidad que presidió su vida, no existía ninguna organización religiosa en su utópico imperio. Quizá su experiencia ayudando en la escuela de niños de Bettws-y-Coed, en Gales, durante el verano de 1857 hizo nacer en ella el deseo de ser profesora, que daría sentido a su vida durante los años siguientes. Esta incipiente vocación la llevó a trasladarse a Londres en el otoño de 1858, como alumna del Queen’s College. Trabajo e independencia era el lema que la hacía sentirse feliz. No solamente se matriculó en el currículum completo de siete asignaturas: matemáticas, inglés, francés, historia, filosofía natural, astronomía, teología e historia de la Iglesia, sino que pronto le ofrecieron ocupar la plaza de profesora particular de matemáticas que llevaba vacante unos meses. Pero una nueva polémica surgió entonces: su padre veía con orgullo que se eligiese a su hija para tal labor, pero le prohibió recibir remuneración alguna por su quehacer. Sofía defendió su punto de vista, pero cedió en parte a las presiones de su padre, al ofrecerse a renunciar a la paga del primer trimestre en contra de su voluntad. Además se comprometió a enseñar contabilidad de forma gratuita en la Sociedad para Promover el Empleo de las Mujeres (fundada por Jessie Boucherett en 1858, para ayudar a las mujeres de clase media baja a conseguir una formación profesional elemental y posterior empleo) y dio, asimismo, clase a niños pobres en Great Ormond Street. A estos quehaceres se unió la necesidad de buscar alojamiento fuera del colegio, provocada por enfrentamientos con alguna de las compañeras; y problemas de salud, tales como dolores de cabeza y garganta. Pero la sensación de libertad, las amistades adquiridas y sobre todo la experiencia del estudio y el trabajo, dieron sentido a ese período de su vida.

Varias amistades femeninas fueron figuras clave en la vida de Sophia Jex-Blake. Una de ellas fue la famosa reformista de las viviendas sociales y cofundadora del National Trust, Octavia Hill, a quien conoció en enero de 1860, con motivo de tres clases de contabilidad que Octavia le dio en su casa. La rígida postura de sus padres respecto a la posibilidad de alquilar la casa compartida por Sophia con Olivia y la madre de ésta, provocó una ruptura definitiva, que provocó un gran dolor a Sophia, cuya angustia quedó reflejada en las cartas a su madre. Pero permaneció el afecto por su amiga a lo largo de toda su vida, nombrándola heredera en su testamento, hasta que Octavia dispuso de amplios medios de vida propios. En la Navidad de 1861, bajo la influencia de esta ruptura pero con el triunfo de sus estudios en Queen’s College, Sophia regresó a Brighton. Su mayor deseo era el dedicarse a la educación de las mujeres. Ello la llevó a completar su formación estudiando matemáticas y alemán en las Clases para Mujeres de la Universidad de Edimburgo, trabajar como educadora en el Instituto del Gran Ducado de Mannheim, en Alemania y, finalmente, viajar a Estados Unidos, para visitar los centros de enseñanza dirigidos a mujeres jóvenes. Durante esta visita, Sophia conoció a otra persona fundamental en su vida, la doctora Lucy Sewall, médica residente del Hospital de Mujeres y Niños de Nueva Inglaterra quien, a sus veintiocho años, era ya considerada una de las doctoras pioneras en los Estados Unidos. Tras visitar Oberlin, Hillsdale College, Mary Institute, y Antioch College, Sophia regresó a Boston, donde aceptó la propuesta de Lucy Sewall para residir en el hospital a cambio de ayudar con el trabajo de tipo administrativo: contabilidad, recetas, etc. Su contacto con las pacientes, la mayoría mujeres pobres, la llevó a ofrecerse a actuar como capellán, visitando en sus hogares a las mujeres que carecían de familia o amistades, y haciéndose cargo de un sermón los domingos durante tres meses. Es en estos momentos, a partir de la experiencia personal que le supuso su actividad en el Hospital de Mujeres y Niños de Nueva Inglaterra, cuando Sophia comienza a plantearse la que será su vocación definitiva: el estudio y práctica de la medicina. Tras un periodo de vacaciones en Inglaterra, durante el cual se comprometió con la editorial McMillan a escribir un libro sobre su visita a los centros de enseñanza de Estados Unidos, regresó a Boston el 1 de septiembre de 1866. Se matriculó entonces en el curso de anatomía de la Escuela de Medicina de Mujeres de Nueva Inglaterra y comenzó a practicar disecciones, pero pronto descubrió la baja calidad científica de la enseñanza allí impartida. Sophia realizó entonces su primer intento de acceder a la misma enseñanza universitaria que los hombres y, junto con otra estudiante, Miss Susan Dimock, escribió el 11 de marzo de 1867, al presidente y los miembros de la Facultad de Medicina de Universidad de Harvard, solicitando su admisión a la misma. La respuesta llegó una semana más tarde haciendo constar que no existía previsión alguna de proceder a la educación de mujeres en ningún departamento de la Universidad. Ambas cartas fueron publicadas en el Boston Daily Advertiser. Sophia y Susan Dimock se dirigieron entonces a los profesores de forma individual. Algunos de ellos las hubieran aceptado en sus clases, pero las autoridades universitarias se lo prohibieron, por lo que únicamente pudieron proporcionarles enseñanza clínica práctica en el Hospital General de Massachussets. Sophia combinaba estos primeros estudios con su trabajo en el Hospital de Mujeres de Nueva Inglaterra, donde continuaba residiendo. Tras posteriores intentos de ser admitida en Harvard, Sophia decidió trasladarse a Nueva York e informarse sobre la escuela de medicina para mujeres proyectada por Elizabeth Blackwell. En marzo de 1868, seis meses antes de la inauguración de la escuela, fue recibida por Elizabeth Blackwell en el Hospital de Mujeres de Nueva York, donde ya existía un grupo de alumnas al que inmediatamente se unió Sophia. Esperaba poder completar tres años de estudios en Nueva York, trabajar como ayudante de Lucy Sewall durante uno o dos años y regresar posteriormente a Inglaterra para iniciar su propia práctica profesional. Pero la realidad sería muy distinta.

Tras dos meses de trabajo y estudio en Nueva York, Sophia regresó a Inglaterra para las vacaciones del verano de 1868, acompañada por Lucy Sewall. Su llegada a Londres coincidió con el anuncio de que “la Sociedad de Boticarios había modificado sus estatutos. En el futuro, los candidatos a examen deberían presentar certificados que justificasen que habían obtenido toda su preparación asistiendo a las clases de la Sociedad.9 La puerta de entrada a la ciudadela inexpugnable utilizada por Elizabeth Garrett se había cerrado para otras mujeres. Sophia regresó a Boston con Lucy e intentó una vez más ser admitida en Harvard. Rechazada de nuevo su solicitud, decidió trasladarse a Nueva York y realizar los estudios en la Escuela de Medicina de Mujeres de las hermanas Blackwell. El 2 de noviembre de 1868, Sophia asistió al acto de inauguración de la escuela, y comenzó sus estudios al día siguiente. Pero el repentino fallecimiento de su padre la obligó a regresar a Inglaterra. Era el final del sueño americano de Sophia Jex-Blake. A finales de 1868, la editorial MacMillan se puso en contacto con Sophia, para encargarle su contribución a una colección de ensayos sobre la educación de la mujer bajo la dirección de Josephine Butler, en la que también contribuía Frances Power Cobbe. Sophia aceptó escribir un capítulo sobre la medicina como una carrera para la mujer. Este ensayo comenzaría con una breve revisión del lugar de la mujer en la historia de la medicina para concluir con una apelación a las universidades británicas solicitándoles abrir sus puertas a las mujeres. Y vendría a constituir el germen del libro publicado por Sophia Jex-Blake en 1886, bajo el título de Medical Women, A Thesis and a History , formado por dos volúmenes: I. Medicine as a Profession for Women, y II. The Medical Education of Women: I. The Battle in Edinburgh, II. The Victory won. Este segundo volumen constituye un documento de inestimable valor para conocer la batalla que Sophia y sus compañeras debieron de librar en la universidad de Edimburgo.

Los años pasados en la universidad de Edimburgo, desde 1869 a 1874, constituyen un capítulo fundamental en la biografía de Sophia Jex-Blake. Durante estos años cursó la totalidad de materias y realizó las prácticas hospitalarias requeridas para optar al título de la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo. Al mismo tiempo, desarrolló una continua actividad para tratar de superar las numerosísimas dificultades que impedían su acceso y el de sus compañeras a la universidad y el posterior ejercicio de la profesión. Publicó artículos en la prensa, dio conferencias y, en 1872, publicó la primera edición de su obra Medical Women. Ella fue, indiscutiblemente, la líder del grupo de mujeres que accedieron como pioneras a la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo, ella quien realizaba las gestiones administrativas, consultaba con abogados, planteaba reclamaciones, hablaba con los profesores para lograr se les aceptase en sus clases y salas de hospital, acudía a la prensa, etc. Tras cinco años de estudios y la negación absoluta de la universidad de Edimburgo a permitir a las mujeres acceder a la obtención del título correspondiente, Sophia dedicó toda su energía a la fundación de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, fruto de su enorme fuerza de voluntad y gran capacidad de trabajo. Mientras completaba sus estudios, continuó una importante actividad para lograr la implantación de leyes que permitieran el acceso de las mujeres a los Tribunales Examinadores y, posteriormente, a las aulas universitarias en igualdad con los hombres.

El 2 de diciembre de 1875, Sophia Jex-Blake, Edith Pechey e Isabel Thorne, a la sazón alumnas de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, solicitaron formalmente la admisión al examen del Colegio de Cirujanos para obtener el título de Comadronas, que permitía la inclusión en el Registro de Médicos de Gran Bretaña, siendo éste el único camino por el que las mujeres podían acceder, en ese momento, a la práctica legal de la medicina en el país. Durante cinco semanas las autoridades del Colegio de Cirujanos solicitaron consejo legal para aceptar o rechazar la petición de las mujeres. Por consejo de sus abogados, el secretario del Colegio solicitó a las mujeres, el 8 de enero de 1876, la presentación de los certificados de haber cursado las materias requeridas, exigiéndoseles para la obtención de la Licencia en Obstetricia los mismos requisitos que para la presentación al Examen de Cirugía, que les hubiera permitido optar al título de doctoras en medicina. Las materias cursadas por las tres mujeres en Edimburgo superaban las exigencias del Colegio de Cirujanos, y el 17 de febrero de 1876, se decidió su admisión para realizar el examen de comadronas, notificándoseles, el 25 de ese mismo mes, que debían cursar también un examen especial en anatomía y cirugía. El 17 de marzo, se les informó de que habían sido aceptadas formalmente para el examen y las tres mujeres dedicaron todo su esfuerzo a la preparación de los exámenes. Pero, entretanto, la Sociedad de Obstetricia había comenzado una campaña para evitar el acceso de las mujeres a la práctica de la medicina a través de la licenciatura como comadronas, informando, a través del Lancet, sobre la creación de un comité para supervisar la propuesta de permitir a las mujeres obtener la licencia como comadronas. Tal comité dirigió un escrito al Colegio de Cirujanos, con fecha de 18 de febrero de 1876, haciendo constar que ““personas tan imperfectamente cualificadas”.... no deben realmente ser admitidas en el Registro, pues tal admisión sería “una grave injuria a los intereses del público y de la profesión.”10 Dado que no pudieron evitar la aceptación de las mujeres, recurrieron a hacer imposible la celebración del examen mediante la dimisión de sus cargos de los tres miembros del tribunal, los doctores Barnes, Farre y Priestley. El examen podría haberse celebrado mediante el nombramiento de otro tribunal, pero se ejerció tal presión que ningún hombre comadrón aceptó ser nombrado, y no se celebraron más exámenes para la obtención de la Licencia en Obstetricia. En mayo de 1876, se presentó la que se conocería como la ley de Russell Gurney, que permitia a todos los Tribunales Examinadores del Reino Unido admitir mujeres, si lo consideraban conveniente. Entretanto, Sophia y sus compañeras habían decidido obtener un título en el extranjero. En noviembre de 1876, Sophia se trasladó a Berna, junto con Edith Pechey, compañera desde el comienzo de la batalla de Edimburgo. Realizó sus exámenes y presentó su tesis sobre el tema de la fiebre puerperal, obteniendo su título de doctora en medicina el 10 de enero de 1877. Para poder acceder al Registro de Médicos de Inglaterra, tuvo que presentarse posteriormente al único Tribunal Examinador que aceptaba mujeres en aquel momento, obteniendo la Licencia del Colegio de Médicos de Irlanda en marzo de 1877. Sophia fue la quinta mujer que accedió al Registro, tras Eliza Dunbar y Frances Hoggan que habían aprobado el examen de Dublín dos meses antes que ella.

En el mes de mayo de ese mismo año de 1877, la rivalidad entre Sophia y Elizabeth Garrett, llevó al nombramiento de Isabel Thorne como Secretaria Honoraria de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres. Sophia no tenía ya ninguna responsabilidad directa dentro de la escuela que ella había hecho nacer, aunque aún continuó acudiendo a las reuniones del Comité Ejecutivo durante un año como miembro del Consejo Rector de la misma. En vez de comenzar una práctica privada, Sophia se dedicó durante varios meses a completar estudios de medicina y visitar diversos hospitales. Finalmente, a comienzos de 1878, decidió volver a Edimburgo, y en junio de ese año se instaló en el número 4 de Manor Place, en cuya fachada aparecía su placa de doctora, de hecho, la primera mujer doctora de Escocia Tres meses más tarde, abría un dispensario en el 73 de Grove Street, Fountainbridge, donde las mujeres pobres, por unos pocos peniques, podían recibir atención médica y apoyo personal. Durante estos años seguía con interés los progresos de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, asistiendo el acto de apertura del curso de 1879. Asimismo se mantuvo activamente comprometida con la lucha parlamentaria por la causa de las mujeres doctoras, al tiempo que continuaba prestando su apoyo a la lucha por el sufragio femenino. En marzo de 1882, viviría otra experiencia negativa: en la reunión del Comité Ejecutivo de la Escuela, se presentaron dos candidaturas para el decanato, la de Elizabeth Garrett, y una segunda, a favor de Edith Pechey, propuesta por Sophia Jex-Blake y el Dr. T.K. Chambers. De los quince miembros presentes, catorce votaron a favor de Garrett y uno, obviamente Sophia Jex-Blake, a favor de Edith Pechey. Elizabeth Garrett, la mujer que inicialmente se había opuesto a la creación de una escuela de medicina de mujeres, sería decana de la misma durante los próximos veinte años. Sophia no volvió a asistir a ninguna reunión del Comité Ejecutivo. El 6 de mayo de 1897, Sophia presentó también su dimisión como miembro del Consejo Rector, al no estar de acuerdo con la propuesta de construcción de una nueva sede para la Escuela, rompiendo así definitivamente sus lazos con la misma.

A finales de 1882, Sophia trasladó su domicilio a una amplia residencia en Bruntsfield Logde. En septiembre de 1883, reanudó sus consultas en esta nueva dirección y continuó con su actividad en el dispensario. En 1885, éste se transformaría en el Edinburgh Hospital and Dispensary for Women al trasladarlo al 6 de Grove Street y añadir una sala con cinco camas para pacientes internas, contando con una matrona residente y, desde 1886, con la doctora Catherine Urquhart, antigua alumna de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, como médico residente. Este fue el primer hospital “por y para” mujeres de Escocia. En 1885, Sophia comenzó otra nueva aventura, la creación de una escuela de medicina para mujeres en Edimburgo, instalada en una propiedad adquirida por Sophia, Louisa Stevenson y Ursula du Pré en 1876, situada en el número 1 de Surgeon Square. Se la denominó Edinburgh School of Medicine for Women, y se abrió, bajo el decanato de Sophia Jex-Blake, en octubre de 1887. El Comité Ejecutivo, contaba, entre otros, con la doctora Agnes McLaren y el doctor G.W. Balfour. Logró Sophia que las alumnas pudieran realizar prácticas en el Hospital Leith. Con esta Escuela, Sophia Jex-Blake brindaba a las jóvenes que pretendían acceder al estudio de la medicina, la posibilidad de conseguir una formación completa que les permitiese acceder al examen del Real Colegio de Médicos de Edimburgo. Pero también este proyecto tendría un triste final para Sophia Jex-Blake. Un conflicto con las hermanas Cadell llevó a la entonces alumna Elsie Inglis, famosa posteriormente por ser la impulsora de los Scottish Hospitals instalados en el frente de Serbia y Rusia durante la Primera Guerra Mundial, a fundar la Scottish Association for the Medical Education of Women . Posteriormente, en noviembre de 1889, Elsi Inglis abrió una segunda escuela de medicina para mujeres en Edimburgo, denominada The Medical College for Women, situada en el 30 de Chambers Street. No había lugar para dos escuelas de medicina de mujeres en Edimburgo, y en 1898, acababa otro sueño para Sophia con el cierre de la Escuela de Medicina de Mujeres de Edimburgo. Una frase de Margaret Todd define bien el constante movimiento pendular entre ilusión y fracaso, presente en la vida de esta luchadora: “El éxito estaba siempre a la vuelta de la esquina, por así decirlo, casi a su alcance; pero el éxito, en la forma en que ella lo buscaba, nunca llegó.11

Tras vender Brunstfield Lodge al Comité del Hospital, Sophia regresó al sur de Inglaterra, cerca del lugar de su nacimiento. Pasó los últimos doce años de su vida en Windydene, a seis millas de Turnbridge Wells, acompañada por Margaret Todd, y rodeada de sus numerosísimos libros, sus cartas, sus recuerdos y su jardín. Windydene se transformó en la Meca de las mujeres doctoras. Sophia recibía frecuentes visitas, no sólo de doctoras y estudiantes de medicina, sino también de personas ligadas al mundo del arte y la literatura. Su vida acabó, en la paz de su refugio de Sussex, el 7 de enero de 1912. Fue enterrada en el cementerio de la iglesia de Rotherfield. Sólo las letras “M.D.” tras su nombre, recuerdan, en el epitafio grabado sobre la cruz de granito gris de su tumba, su quehacer como doctora. Sin embargo, en Edimburgo, en la Catedral de St Giles, testigo de su enfrentamiento con el Dr Christison, una placa la recuerda con estas palabras: ““Consagrada a la memoria de Sophia Jex-Blake, M.D., gracias a cuya energía, coraje, espíritu de sacrificio y perseverancia, la Ciencia de la Medicina y el Arte de Curar se abrieron a las mujeres en Escocia.”12 También el Comité del Hospital Brunstfield, que ella había fundado, hizo colocar una placa formada por un medallón de bronce sobre mármol verde. En el medallón, rodeado por una corona de laurel, aparece el lema familiar: “Bene preparatum pectus” y más abajo las siguientes palabras en su memoria: “En emocionado recuerdo de Sophia Jex-Blake, Fundadora de este Hospital, a cuyo gran valor, visión de futuro y constancia se debe principalmente la admisión de la Mujeres a la Profesión de la Medicina en este País.”13 Y en el monumento funerario de su familia, en el tranquilo cementerio parroquial de la pequeña localidad de Ovingdean, cerca de Brighton, esta inscripción la hace presente junto a los suyos, aunque sus restos descansen en Rotherfield: ““Sophia Louisa, hija menor Thomas Jex-Blake, y Maria Emily, su esposa, Doctora en Medicina, Fundadora en 1874 de la Escuela de Medicina de Mujeres de Londres, y en 1887 de una Escuela similar en Edimburgo, donde también fundó un Hospital para Mujeres y Niños en 1886.”14

Tras compartir una profunda amistad con Margaret Todd durante veinticinco años, quiso también que ella fuese la protectora de su legado más íntimo. En su testamento, Sophia, dejaba a Margaret Todd la totalidad de su correspondencia y otros documentos privados, solicitando que, en caso de que ésta no la sobreviviese, deseaba que fuesen quemados. Tras la muerte de Sophia, Margaret se dedicó a redactar una amplísima biografía de su maestra y amiga, basándose en gran parte en los manuscritos y diarios de Sophia. Pocos meses después de la publicación, Margaret se suicidó, quemando previamente toda la documentación que Sophia le había legado. Por ello, todo estudio sobre Sophia Jex-Blake debe basarse en sus propios escritos y en la biografía de su compañera, imponiendo, de alguna manera su fuerte voluntad, más allá del tiempo, a quienes aspiren a acercarse a su biografía.



1 Manton, Jo. Elizabeth Garrett Anderson. Methuen & Co. Ltd. Londres, 1965 , p. 28

2 Idem, p. 80

3 Manton, Jo, o.c. p. 352

4 Idem, p. 115

5 Idem, p. 162-63

6 Idem, p. 163

7 Idem, p. 256

8 Garrett Anderson, Louisa, o.c. p. 240

9 Idem, p. 74

10 Idem, pp. 196-197

11 Todd, Margaret, o.c. p. 501

12 Idem, p. 563

13 Idem, p. 564

14 Idem, p. 564








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